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Doce meses es lo que se dice siempre. Pero lo que de verdad marca el ritmo no son los meses: son tres decisiones que bloquean a todas las demás. Si esas van pronto, el resto cabe en mucho menos tiempo del que os han contado.
La respuesta corta: con doce meses se organiza una boda sin agobio, y con seis se organiza igual de bien si cerráis pronto fecha, sitio y número de invitados. Esas tres son las que bloquean todo lo demás: hasta que no están, ni el catering ni el fotógrafo ni la papelería pueden avanzar.
Este calendario no sale de un manual. Sale de quince años viendo por dónde se atascan las parejas, primero con imprenta de por medio y ahora sin ella.
Antes de hablar de meses, esto. Todo lo demás depende de estas tres, y por eso van juntas.
La fecha manda sobre la disponibilidad de todo lo demás. Un sábado de septiembre se pelea; un viernes de mayo, no.
El sitio os dice cuánta gente cabe, así que no podéis cerrar la lista antes.
El número de invitados es el que mueve el presupuesto entero, porque casi todo se paga por persona.
Están encadenadas, y ese es el nudo: mucha gente empieza por la lista, que es lo más difícil, y se atasca meses. Empezad por el sitio.
| Cuándo | Qué toca |
|---|---|
| 12 a 10 meses | Fecha, sitio y la lista aproximada. Nada más. Es el tramo que más gente se salta y el que más caro sale saltarse. |
| 10 a 8 meses | Save the date, sobre todo si la gente viaja o es temporada alta. Catering y fotógrafo. |
| 8 a 6 meses | Vestido y traje, que tienen sus plazos propios. Música. Empezar a mirar diseño de invitación. |
| 6 a 4 meses | La invitación, con la confirmación de asistencia dentro. Aquí es donde se cierra la lista de verdad. |
| 4 a 2 meses | Van llegando las confirmaciones. Autobús, alojamiento y detalles. |
| 2 meses a 3 semanas | Número final al catering. Recordar a quien falte por confirmar. |
| Última semana | Mesas, horarios y avisar de cualquier cambio. Nada nuevo. |
Si vais con menos de seis meses, no recortéis pasos: recortad el tiempo entre ellos. El orden es lo que no se puede saltar.
En 2011, cuando teníamos La Fábrica de las Bodas, este calendario era más rígido por un motivo concreto: la papelería tenía plazos y no perdonaba.
Había que cerrar los textos, hacer una prueba, corregirla, imprimir, esperar, meter en sobres y llevar a correos. Entre que se decidía el diseño y la invitación estaba en manos de la gente pasaban seis semanas largas. Y cualquier cambio posterior —una hora, una dirección— era reimprimir.
Eso obligaba a tener todo cerrado mucho antes. Hoy no: la invitación se puede mandar con fecha y sitio, y el resto se rellena después. Es la parte del calendario que se ha soltado, y por eso ahora se puede organizar una boda en seis meses sin que se note.
Empezar por la lista de invitados. Es la decisión más difícil y la que menos urge. Se hace mucho mejor cuando ya sabéis cuánta gente cabe en el sitio.
Dejar la invitación para el final. Parece lo último, y no lo es: es lo que arranca las confirmaciones, y sin confirmaciones no hay número para el catering ni para el autobús. Cuanto más tarde sale, más se comprime todo lo de después.
No poner fecha de confirmación. Sin una fecha concreta, la gente contesta la semana de la boda. Con una fecha, contesta antes. Es así de tonto y así de eficaz.
Si estáis en el tramo de hacer números, tenéis una calculadora de presupuesto que se guarda en vuestro navegador y podéis ir ajustando. Y cuando toque la invitación, los diseños se prueban enteros desde el móvil antes de decidir nada.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.Antonio Machado