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Hay tres datos que se olvidan siempre. No son los importantes —la fecha nunca se olvida—, son los que solo echas de menos cuando ya estás en el coche buscando dónde aparcar.
La respuesta corta: quiénes se casan, cuándo, dónde y hasta cuándo se puede confirmar. Eso es lo que no puede faltar. Y luego están los que se olvidan y os van a costar veinte mensajes: cómo se llega, dónde se aparca, si hay autobús, a qué hora empieza de verdad y cómo hay que ir vestido.
Esto lo sabemos de una época en la que equivocarse costaba caro. Cuando hacíamos invitaciones de papel, cada errata eran cuatrocientos euros de reimprenta y una semana perdida, así que revisábamos las pruebas una por una. Lo que sigue es esa lista de repaso.
Son cinco, y con estos ya tenéis una invitación:
| Dato | El detalle que se escapa |
|---|---|
| Vuestros nombres | Como os llama la gente, no como pone en el DNI. |
| La fecha | Con el día de la semana escrito. «Sábado 13 de junio» se retiene mejor que «13/06». |
| La hora | La de la ceremonia, no la de llegar. Volvemos a esto en un momento. |
| El sitio | Nombre y dirección completa. Muchas fincas tienen nombres que Google no encuentra. |
| Hasta cuándo confirmar | Una fecha concreta. «Cuanto antes» no es una fecha y nadie lo trata como tal. |
Estos no os los va a echar en cara nadie, pero cada uno que falte son mensajes que acabáis contestando vosotros la semana de la boda.
Cómo se llega y dónde se aparca. Si la finca está a las afueras, decidlo. Si el aparcamiento es limitado, decidlo también: la gente se organiza para compartir coche si lo sabe con tiempo.
Si hay autobús. Y desde dónde sale, y a qué hora. Es lo que más se pregunta después de la hora.
La hora de llegar, no solo la de la ceremonia. Si la ceremonia es a las 18:00, mucha gente aparece a las 18:00. Poned «recepción desde las 17:30» y os ahorráis la entrada a media ceremonia.
Cómo hay que ir. No hace falta un código estricto: con «boda de tarde en el campo» o «etiqueta» la gente ya sabe. Sin nada, alguien viene de traje a una boda en la playa y lo pasa mal toda la tarde.
Si los niños están invitados. Es la información que más agradece quien tiene hijos, y la que peor se pregunta por WhatsApp.
Cada dato que falta en la invitación es una conversación que vais a tener vosotros. Y siempre la semana de antes.
Esto cuesta más de decidir que lo anterior, porque suele venir con ilusión detrás.
El menú completo no va. Las alergias se preguntan al confirmar y así cada uno pone la suya, que es más útil que una lista de platos. Vuestra historia tampoco tiene por qué ir en la primera pantalla: cabe entera en una sección aparte, para quien quiera leerla. Y la cuenta para los regalos no se pone al lado de la fecha; se pone donde no parezca que es el motivo de la invitación.
La regla que usamos en el estudio: en la primera pantalla solo va lo que alguien necesita para decidir si puede ir. Lo demás baja.
Todo lo de arriba vale igual para papel y para digital. Lo que cambia es que en digital os podéis equivocar.
Si cambia la hora, se cambia y ya lo ven todos. Si la finca os manda unas indicaciones mejores en abril, entran. Si os dais cuenta de que faltaba lo del autobús, se añade un martes por la noche y el enlace que ya tienen ciento veinte personas muestra la versión nueva.
Eso también cambia cómo se decide: no hace falta tenerlo todo cerrado para mandarla. Con nombres, fecha y sitio ya podéis, y el resto se va rellenando.
Si queréis verlo montado, los diseños se recorren enteros desde el móvil con una boda de ejemplo: veréis dónde cae cada uno de estos datos y si os cuadra con lo que tenéis en la cabeza.
La perfección se alcanza no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.Antoine de Saint-Exupéry